Este sacó regalo en el museo de bellas artes, pero no lo fuí a buscar.
kacho, Luli, Jaime y Nadiela sí.

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- Cuando bailas detienes el mundo. Y vuelas y me haces volar. No te muevas tan bello que desarmarás el universo con el vaivén de tu cuerpo.
- Déjame adivinar… poeta – dijo la dama acomodando una flor roja entre sus cabellos. El vestido del mismo color ya estaba listo – o borracho – agregó al notar que el intruso no respondió al instante.
- Suelo ser ambos.
- Este es mi camerino. ¿Quién te dejó entrar?
- Nadie.
- Llamaré a Pepe – dijo e inclinó su cuerpo hacia la derecha para ver a través del espejo al sujeto que se encontraba a su espalda.
Delgado y de apariencia desaliñada se afirmaba bajo el marco de la puerta, su mano derecha acariciaba su barba y la otra sostenía un cigarrillo a punto de desintegrarse. Chaqueta retro, pantalones de tela y zapatos negros sin brillo.
- Llama a ese tal Pepe – levantó su cabeza al notar que la mujer lo miraba por el espejo. Sus pupilas se encontraron por primera vez, indirectamente – Sí es el tipo de seguridad, está en el camerino de al lado follándose a una rubia. Sí es el barman argentino, está en la barra cortejando a la pelirroja que acompaña a la rubia.
- ¿Qué quieres? – la mujer suspiró la pregunta.
- Por ahora saber tú nombre.
- Vete.
- Me imaginaba uno más femenino.
- Una cuadra más arriba hay un prostíbulo. Ahí conseguirás lo que quieres. Yo soy una bailarina.
- Sólo quiero saber tú nombre real. Sé que cuando bailar te llamas Carmen, Dolores, María Elena. Te he visto todos los viernes de estos últimos tres meses. Sé que tu baile es poesía y que tu rostro es un canto. Sé que cuando bailas vuelas y que me haces volar a mí también – al decir estas palabras la mujer, se levantó de la silla donde posaba y dio media vuelta. Puso en él toda su atención., ya no era un intruso sino una visita.
- Nos conocemos, ¿Verdad?. Siento que hemos hablado antes- dijo emparejando el lápiz labial en sus labios con la yema de algunos de sus dedos.
- No sé si tú me conozcas a mí, pero yo te conozco a ti. Te conozco de aparecerte en mis sueños. Te conozco de ser la protagonista de mis novelas de amor. Te conozco de soñar que serás la madre de mis hijos. Te conozco de hacerme volar todos los viernes en
Ella se hizo paso sin hablar entre la puerta y el visitante, era el momento de subir al escenario. Él esperó un momento y la siguió sin molestarla.
Una vez sobre las tablas, entre los focos enceguecedores ella mantenía una postura firme y radiante en esperas del primera acorde de la guitarra y el llanto angustioso del músico. Él se dejó ver entre el público, de pie apoyando su espalda en un pilar.
Flameó de golpe su vestido y pintó en su rostro la primera mueca de dolor. Mueve su cuerpo delicadamente a su propio ritmo, autónomo, vivo, independiente del mundo. Dos tacos que salen de la música y golpean duro las tablas. Sin recelo ni miedos. Quebrase las muñecas en el aire como una suerte de alas atrofiadas que pretenden liberarse del cuerpo. Él sólo miraba.
El verso Y vuelas y me haces volar relevó la letra de la canción en la cabeza de la bailarina, de un momento a otro, bailaba los versos de un desconocido.
Cerró sus ojos para no verlo, no tenía porque hacerlo. Siguió acariciando el aire con sus cabellos mientras desplegaba sus labios para cantar despacio. Aplaudiendo y acariciando sus palmas intercaladamente para luego liberar de una vez por todas las manos de sus muñecas y dejar planear como hojas secas cayendo, sus dedos.
Pero no pudo, tuvo la necesidad de abrir sus ojos y volver a verlo. Recordó su vos gastada, su olor a whisky y las palabras adornadas y teatrales que salían de su boca. Quiso, de pronto, saber cual era el nombre de aquel individuo, que cayó una noche como un forastero y dijo cosas que nadie dice y la sonrojó como nadie lo hacia en años. ¿Cómo se llamará?. Pensó.
Paró la música junto con el último taconazo en el suelo. Aún debía volar tres canciones más, pero decidió descender de las tablas antes. Por primera vez en años. Bajó rápido arremangando su vestido y caminó cabizbaja al pilar donde se afirmaba el extraño, llegó haciéndose paso entre la multitud como un fantasma, más el pilar estaba solo afirmando el techo del bar. Él no estaba ahí. Lo buscó con la mirada a su alrededor pero sólo vio a los mismos borrachos y putas de siempre.
- Corazón, ¿has visto al tipo que estaba parado justo aquí? – preguntó al barman que llenaba un tubo de cerveza del tamaño de una pierna de bailarina de cabaret. La especialidad de la casa.
- Han habido muchos tipos ahí nena.
- Pero uno delgado, extraño, con el cabello despeinado y con un poco de barba.
- ¡Aaahh! ¿Vestía una chaqueta café? - Respondió cerrando la llave de la cerveza.
- Sí, ese mismo. ¿Lo has visto?
- Sí, el hijo de puta se fue con la pelirroja que intenté follarme toda la noche.
Musitando arrepentimientos, subió de nuevo al escenario. Su vestido seguía rojo y sus tacos golpeaban el suelo, sin música.
Cuento escrito exclusivamente para el concurso ‘Historias de
“The Temucan Hero”
26 de Mayo. 2009
“Reaparece el joven que vuela en las cercanías de
Más abajo, en una tipografía más pequeña: “Incendio en instituto Teletón se extingue misteriosamente: 0 heridos”. Al leer la portada completa del Diario, decido ocupar los 250 pesos para comprarlo y dejar de lado (por esta vez) la tradición del pan con lisa después de clases y transgredir las normas de conservación mi abuelo, qué es un ferviente guardián de ellas – las tradiciones nunca se dejan, nunca -suele repetir a menudo mientras toma Jack Daniels y compra ropa de marca. Pero bueno, la inconsecuencia de los abuelos es producto del flirteo constante con el libre mercado y la contemporaneidad (palabras del profesor de historia nuevamente).
Leo los reportajes súper rápido (si tuviera un cronómetro se sorprenderían) y cierro el diario. Me indigna la idea de que no se tomen ambas noticias como un mismo hecho. Es bastante lógico; un joven que vuela apagó el incendio. Una suerte de héroe anónimo que vela por la integridad de Temuco. Estoy bastante seguro que en ciudad gótica no se cuestionaban tanto por las primeras apariciones de Batman.
El flirteo con la vendedora del diario, el enojo por la poca elocuencia del Periodista, el hambre en mi estómago, la pileta y la sala de arte de la plaza. Todo ocurrió en pocos segundos, casi simultáneamente y sin previa observación, estoy en medio de la plaza Aníbal Pinto, frente a un guerrero araucano de mármol y bajo su lanza amenazante.
Lo próximo fueron las calles colapsadas del centro, los semáforos que hablan, las vitrinas aburguesadas y el “Parche curita a
Llego a la esquina, la tienda de comida rápida del payaso esta llena de liceanos, en su mayoría Pokemones. La nueva pandemia urbana y Bulnes es el foco de contagio.
No logré a hilar ningún insulto hacia sus peinados cuando una explosión quiebra el apacible taco vehicular de esta esquina de la ciudad y de la misma forma rompe mi monologo. Una espesa nube de humo y gritos escalofriantes bañan las calles, en segundos, el centro comercial se vuelve un caos. Se aclara la nebulosa de forma débil y se vislumbra la realidad en su nueva naturaleza. Gente corriendo abromada, la confusión mezclada con el miedo es una constante. Manuel Bulnes y Diego Portales nunca estuvieron tan desarmados, ni cuando eran infantes.
“Buenas Tardes, Gran Temuco. Novena región de
La entrada del mercado esta custodiada por tipos gigantes encapuchados con chalecos antibalas y curiosamente, vistiendo una corbata blanca y ropa elegante. “me presento, soy EL CONSEJAL, un viajero sin rumbo, y por afán del destino llegué a Temuco y me llevaré todas las riquezas de esta parte del país.” Llego con mi mirada a donde proviene la voz. En el techo del mercado hay un tipo hablando con un megáfono de forma fluida y con una actitud bastante arrogante. Cierro los ojos un momento, y siento mi sangre araucana hervir. Pienso en la figura de mis antepasados, recobro el valor originario. Esto no es sólo un incendio, es una real amenaza; el cabrón se ve profesional.
Inclino mis rodillas mientras aprieto con fuerza mis puños, siento mi sangre hervida en su estado máximo, apunto de evaporarse en furia. Salto al techo, dónde el enemigo. En el aire grito exaltado: “¡Newen Mapuche, Siente mi venganza!.”
- No, no compadre no puedo leer más tu novela. No me gustó. Para nada, creo que esto no es lo tuyo, me encantó los reportajes que escribiste sobre bandas emergentes en
Dijo mi editor apagando su cigarrillo en el cenicero de greda sobre su escritorio.
- Pero sigue leyendo la historia se pone interesante, es un súper héroe adolescente que para reactivar sus poderes ancestrales debe tomar de la mítica “Agua de Temu” – noto su expresión de extrañeza, así que agrego - un néctar con propiedades milagrosas. Además mas adelante sufre muchas fracturas con un enemigo armado, por lo que su abuelo lo reconstruye con piezas de metal, era herrero. Así que la historia de pone Cyberpunk, porque los enemigos son cada vez más sádicos. La literatura fantástica la esta rompiendo hoy en día, ergo, sería un hit de ventas. Al nivel de Harry Potter y el Crepúsculo.
Inclinándose para atrás con su silla y sacando un nuevo cigarrillo de su cajetilla y sin cambiar su expresión de desagrado, Osorio se disponía a leer de mala gana mis impresos.
Ya que Gossip Girl estuvo en receso, en la espera se me ocurrió escribir esta adaptación a modo de relato corto.
Chuck Bass como protagonista. Estoy seguro que los que ven la serie tendrán opiniones compartidas. (Pauli, Li y Cesar. Les habló a ustedes puntualmente)
Por otro lado, Cuminao no se raja con papel.
- Ahora lárgate – dijo de espaldas, abrochando lentamente los botones de su camisa. Lo hizo despacio y sin apuro, no por el deleite de ver a una de las empleadas del hotel semidesnudas, sino por la detestable resaca a su haber.
Giró su cabeza en un escaso diámetro de grados sólo para poder ver y asegurarse de que la empleada se fuera. Ella acudió con la actitud entregada de la servidumbre inglesa y empezó a caminar hacia la entrada subiendo sus pantimedias, abrochando su blusa y poniendo la falda en su lugar. Todo al mismo tiempo, con la habilidad clásica de las funcionarias del aseo de New York Palace Hotel.
Sacó un billete de los grandes de su bolsillo trasero y lo dejó en el velador. “debo felicitar al tipo de recurso humanos”, dijo en voz alta, pero débil.
Se acercó al espejo sobre su lavado, una vez en él, clavó su mira buscando sus propios ojos sin lograr buenos resultados. Desorbitados e inquietos, sus ojos ya casi sin brillo se cerraron de forma autónoma y sin previo dominio del cuerpo.
Musitando entre recuerdos de alcohol se quedó un par de minutos antes de ser despertado casi totalmente por su teléfono celular.
Lily call, leyó en la pantalla, abrió el teléfono y respondió con un hola aguardentoso.
- Charles, ¿Cómo estás? – se oyó del otro lado de la línea.
- He tenido días mejores.
- ¿Estas drogado?
- Qué forma de empezar nuestra nueva relación familiar es esta Lily.
- Tienes razón. ¿Vendrás hoy?
- No puedo, estoy drogado.
- Me estas jodiendo verdad.
- ¿A las 8? ¿En tu suite?
- Sí
- Será un placer – lo último que se oyó fue el teléfono dejado torpemente en el lavado.
Tras la llamada, reflexionó un par de minutos más sobre su nueva vida y lo difícil del cambio. Lo primero fue la pérdida de su padre, y luego hacerse cargo legal y socialmente de Industrias Bass y todo lo que implica eso, por ejemplo; transformarse en el adolescente más poderoso de los círculos sociales más elitistas de Manhattan. Piensa en eso y sonríe casi explosivamente. Sumerge sus manos en el choro de agua y moja su rostro. Y por último, convertirse por fuerza mayor en un Van der Woodsen.
En la calle, afuera de Palace Hotel. -Donde los Van der Woodsen – dijo mientras su chofer cerraba la puerta de la limo. Se sentó, y descorchó una botella, sirvió una copa despreocupado hasta que vio de reojo a su chofer.
- ¿Quién eres?
- Su nuevo chofer Mr Bass.
- ¿Quién demonios te contrató?
- Alguien de su empresa Señor.
- ¿Y el anterior?
- Falleció en el accidente junto con su ..
- Entiendo, entiendo – cortó la nerviosa explicación del nuevo chofer y bebiendo
un nuevo sorbo a su copa preguntó - ¿Cuál es tu nombre?
- Peter Jhonson señor.
- ¿Sabes llegar dónde los van der Woodsen?
- Si señor. Voy a cumplir un mes trabajando para usted señor.
- Al parecer he estado muy tocado este mes – susurró mientras bajaba un poco el vidrio lateral izquierdo.
La limosina viaja a velocidad prudente por la 23rd Street, el día es gris y triste – que día más angustiado. Me agrada – pensó mientras veía el corazón de Chelse por el mismo vidrio.
- Sabes, no es del todo malo entrar a esa familia – dijo de pronto, quizás por la monotonía de las calles del lado este de la ciudad o, talvez por la botella vacía – hablo de los van der Woodsen – agregó sin escuchar palabra alguna de su chofer. Tampoco la esperaba – Lily a pesar de todo no es una perra tan maligna y A Eric ya lo consideraba un hermano pequeño. Por otro lado esta Serena que lo único malo de ser hermanastros es la presencia constante de los Humphrey. Es lo único. Serena es Serena – tomó un descanso y con su silenció logró atraer más la atención de su chofer que lo miraba como tratando de adivinar en que pensaba Chuck – Sabes, ahora que lo pienso Serena es una de mis deudas pendientes y yo, por lógica, no debería tener deudas. Tendré que ligármela no por el echo de que sea Serena van der Woodsen, sino por el echo de concretar ese ciclo pendiente en mi vida desde siempre. ¿Habrá sido caso la más perra, de Upper East Side en su tiempo? – Jhon, el chofer, miró desconcertado a través del retrovisor – debo admitir, además, que me calienta la idea que sea mi hermanastra legar.
El cielo aún esta nublado, pensó Chuck al bajar de su limo. Esperó a que su nuevo chofer cerrara la puerta del auto a sus espaldas y observó su rostro detenidamente para familiarizar con él y dijo – gracias por la conversación – sacó un par de billetes y agregó sin mirarlo y con la vista a la entrada del hotel – ve a dar una vuelta, llamaré cuando te necesite - cuando Jhon quiso agradecer, él ya había entrado dejando sólo ver su caminar elegante entre los vidrios de entrada.
Una vez dentro de la suite de los van der Woodsen caminó sin saludar a nadie y tomó al pasar un copa de blody mery desde la bandeja de una de las meseras de servicio, sorbió todo el líquido de la copa de un impulsó cuando divisó a su nueva madrastra. Se dirigió hacia ella.
- ¿Cómo estás madre?
- ¿Me llamaste madre Chuck? ¿Qué estas planeando?
- Sólo intento ser amable – dijo dibujando en su rostro la mejor cara de sinceridad jamás antes mentida – ¿Puedo regalarte un abrazo? Propuso sumando un pequeño brillo en sus ojos. Lily dudó un poco pero extendió sus brazos.
Chuck rodeó con un brazo la cintura de su nueva madre y con la otra tomó la nuca de donde desprendían cabellos rubios como vertientes de caramelo. Con un leve movimiento se acercó a su oído y dijo- ¿Dónde está mi nueva hermana?
Afuera en Manhattan aún estaba nublado, pero cada vez más caliente.